07 Gobierno de Allende
En 1969, siendo profesor de estructuras y diseño antisísmico, fui elegido jefe de la carrera
de Construcción Civil de la Universidad de Chile Valparaíso.
Diseñé el currículum de esa carrera y de otras que consideré necesario crear.
Un par de años después fui elegido director del departamento de Tecnologías de esa
universidad.
En este cargo desarrollé laboratorios o instalaciones.
En 1970 Salvador Allende fue elegido presidente de Chile.
De inmediato el país entró en un espiral de escasez y descomposición.
En la universidad se suspendían actividades cada vez que se corría la voz de que había
pollo o leche en algún lugar como podía ser Quilpué o Villa Alemana, lo que daba lugar a
que algunos empleados se dirigieran en un camión de la universidad para conseguir esos
productos esenciales para sus familias.
Poco tiempo después vino un fuerte terremoto en Valparaíso. Me tocó hacerme cargo las
labores de levantamiento de los daños y dirección de la reconstrucción. Además recibi una
carta del gobierno donde me pedían manejar un presupuesto por algunos millones de
dólares para la reconstrucción de una industria textil en Viña del Mar. Nunca vi un centavo
de ese dinaro.
A fines de 1971 hubo una elección extraordinaria de diputado en Valparaíso para la cual el
candidato de gobierno fue Hernán del Canto.
Fui encargado de su campaña, lo que me permitió conocer cuán incapaz y retorcido era.
Poco tiempo después de derrotado en esas elecciones, del Canto fue designado ministro
del interior de Chile; esto es, vicepresidente de la República.
Jamás lloro.
Pero cuando leí esa noticia los ojos se me llenaron de lágrimas. Comprendí que era vana la
ilusión que abrigaba de que Chile pudiera tener un exitoso
gobierno de izquierda.
Durante los primeros meses de gobierno Allende dió encendidos discursos con importante
contenido. Pronto se le terminó la inspiración. Su palabra dejó de tener algún mensaje
digno de ser citado, excepción hecha de su discurso final.
Durante el gobierno de Allende se hacían colas interminables para conseguir cualquiera de
los más diversos productos: desde leche hasta colchones.
Llegó el momento en que su gobierno de incapaces prohibió hacer colas desde antes de
las cuatro de la mañana.
Rusia, que apoyaba a Allende, envió unos tractores que el gobierno desembarcó en cada
uno de los puertos desde el norte de Chile para hacer gran espectáculo de la donación recibida.
No sé finalmente en qué puerto del sur de Chile hayan terminado esos tractores
que no servían para nada.
Los rusos también regalaron una planta de prefabricación de edificios que se instaló en
Quilpué o El Belloto. Me tocó iniciar el proceso de instalación de esa planta.
Los planos venían en ruso.
Los expertos rusos que venían a asesorarnos en la construción y uso de la planta eran
agentes políticos que no sabían siquiera lo que era un metro cuadrado.
De modo que Allende no sólo tuvo que enfrentar el esfuerzo en su contra que hacía el
gobierno de Nixon: además contó con el salvavidas de concreto que representaba la
ayuda que recibía de los rusos, comunistas incapaces que enviaban a Chile maquinaria que
de poco servía y agentes politicos que casi no hablaban español.
Así, “de fracaso en fracaso” pasaron los años de la revolución de Allende hasta el paro de
octubre del 72 en que la mayor parte de los profesionales fueron el paro y entonces muy
pocos nos quedamos trabajando. Terminado el paro Salvador Allende hizo un discurso en
el que dijo que todos los profesionales sin excepción éramos unos delincuentes y
contrarevolucionarios.
Su injusta diatriba con respecto a los muy pocos profesionales que con inmenso sacrificio
apoyamos a su gobierno durante el paro de octubre fue determinante para que yo dejara
de ser allendista y empezara a considerar alguna salida alternativa para mi vida política y
profesional.
Según relata Joan Garcés, amigo personal de Allende, en su libro “Allende y la experiencia
chilena” publicado pocos meses despues del golpe militar, durante el golpe que lo depuso
estando Allende en el palacio de gobierno a pocos minutos de suicidarse, el presidente
del partido socialista, Hernán del Canto, llamó a Allende para preguntarle qué debía hacer
el partido socialista en esas circunstancias tan difíciles.
Allende le contestó: “Nunca me han hecho caso acerca de lo que hay que hacer. Ahora
hagan lo que quieran, como han hecho siempre.”
40 años después Joan Garcés hizo una nueva edición de su lbro con los ajustes necesarios
para esconder la realidad que denunciaba el texto original, porque son pocos los
intelectuales que osan oponerse a lo que llamo la izkmierda, o a la version oficial que ésta
impone. Garcés no es uno de ellos. Entre esos pocos están Vargas Llosa, Roberto
Ampuero y José Donoso. Entre los muchos que fueron lamebotas del comunismo
destacan Galeano, García Márquez y Neruda, quién escribió una “Oda a Stalin”
Allende, médico güiskero, fatuo y hedonista formaba parte del sector minoritario del
partido socialista, el más grande de la coalición de numerosos partidos de izquierda que
apoyaban a Allende. Por esto Allende nunca tuvo el poder necesario para dirigir a su
partido y menos al país.
El Chile de Allende fue uno de los muchos lugares donde se enfrentaron las dos potencias
que luchaban por el predominio mundial: Rusia que intentaba imponer el comunismo y los
Estados Unidos que defendían la democracia y los negocios. Chile fue el segundo lugar
donde Rusia perdió. Por eso les dolió tanto y con tanta desidia reescribieron la historia y
hoy, 50 años despues, todavía lo hacen.
En 1968, un par de años antes del gobierno de Allende, con la Primavera de Praga (Enero a
Agosto de 1968) el comunismo habia sufrido su primera gran derrota. Esa vez re
escribieron la historia con las orugas de los tanques, pero ya había sido publicado el libro
que deja constancia de las decisiones del Partido Comunista de Checoeslovaquia entre las
cuales está que el comunismo está condenado al fracaso y debe ser proscrito por las
muchas razones que en ese libro se detallan.
Así dejé constancia de ello:
“Cuando Rusia invadió Checoslovaquia se mostró como una nación criminal que arrasaba
a todo un pueblo. Sufrió un fuerte desprestigio entre sus partidarios y concedió a sus
enemigos un motivo para organizar una intensa campaña de opinión en su contra. Con
todo, el balance final arrojó un gran éxito propagandístico para Rusia: los miles de
muertos de Checoslovaquia permitieron esconder el cadáver del único muerto que el
Kremlin lamentó en esa jornada: el propio comunismo.
El llanto por los seres humanos permitió postergar la discusión de los temas y olvidar los
argumentos que llevaron al Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia a
sepultar el comunismo como doctrina y a declararlo que se trataba de un montón de
ideas equivocadas que conducían a su propia destrucción. Un simple enfermo de cáncer
terminal.
El Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia fue condenado por el crimen
de haber asesinado al comunismo. Al eliminar al comité y someter al pueblo
checoslovaco, Rusia consiguió montar un genocidio suficientemente espectacular como
para que el mundo hablara de la magnitud de su crimen y no del fracaso definitivo del
comunismo. Tanto se habló de muerte y destrucción, de traición e intolerancia, que pasó
desapercibido lo que para el Kremlin era el asunto principal: el Partido Comunista de un
país muy importante había llegado a la conclusión de que su razón de ser, el comunismo,
no servía a los intereses del pueblo y debía proscribirse.”
“StopGates.now. Capítulo 33. Los juicios por competencia desleal y la invasión de
Checoslovaquia: juegos de luces para que Usted se distraiga”.
Entonces Allende sabía que la oferta que hacía a su pueblo: planificación centralizada y
poder omnímodo del estado, estaba condenada al fracaso.